¿Conoces los clubs liberales?

Cuando una pareja lleva mucho tiempo junta, o acaso considerándolo desde el principio algo necesario para que nunca se instale la rutina y el aburrimiento en su vida sexual, decide ir más allá de las posturas tradicionales –y de las nuevas- y buscar el morbo, mantener viva la chispa de esos primeros días en los que no podemos quitarnos las manos de encima el uno al otro.

Clubs liberales, amor libre

Aparte de juegos más o menos recurrentes como hacer masajes sensuales vendándole los ojos al receptor, o esposar a la otra persona a la cama, o interpretar unos roles que nos conviertan temporalmente en desconocidos y, por ello, se renueve artificialmente la sensación de novedad, una de las opciones más interesantes para muchos es asistir a un club de intercambio de parejas.

Con un carácter también temporal, esporádico y efímero, los también llamados clubs liberales suelen ser locales de alto standing y, según las normas de cada sitio, pueden entrar tanto parejas como chicos solos o bien solamente parejas. Por supuesto hay que ir medianamente arreglado, limpio y dispuesto a pasarlo bien sin complejos y sin pasar vergüenza de ningún tipo.

En esta clase de lugares, que muchas veces son chalés con piscina y luces tenues que dan ambiente, cada uno puede hacer lo que quiera desde el respeto: lo más normal es que vayan las parejas, se pongan cariñosas en un rincón, pero a la vista de los demás, y que alguien se les acerque, sea un chico solo u otra pareja.

Es el momento crucial, en el que las partes implicadas tendrán que decidir si se gustan y se dan una oportunidad que puede terminar de diferentes maneras, según los gustos y las intenciones de cada uno.

Por ejemplo está la clásica relación de cuatro personas, o un cuarteto, que ya se podría considerar orgía, y más cuando, si la cosa va bien y todo el mundo está de acuerdo, se les pueden ir sumando otras personas, de una en una o de dos en dos. También hay parejas que buscan a otra persona, chico o chica, para que participe en una sesión de sexo que se convertirá en trío, mientras que otras parejas lo que quieren es tener a un espectador cercano que no tiene por qué interactuar sexualmente con sus miembros más allá de lo que decida hacerse a sí mismo mientras mira.

Hay personas que acuden a estos clubs liberales para hacer realidad la fantasía de ver a su pareja teniendo sexo con otras mientras el “cornudo” se limita a mirar y excitarse, siendo en este caso técnicamente una infidelidad “consentida” y, por lo tanto, sin traición real. Aun así es una forma controlada de vivir esta situación que a muchísima gente -se podría decir que toda la que va a los clubs liberales- le excita.

Está claro que se pueden hacer mil cosas en estos locales, hay muchas maneras de vivir el sexo, pero todos los que asisten a los clubs liberales tienen, por definición, una forma de ser algo exhibicionista, aunque luego en su vida diaria no lo parezca y cada uno vaya por su lado desempeñando la más seria y respetable de las profesiones.

Otra cosa que tienen en común los que van a estos sitios, o por lo menos deberían, es el respeto absoluto por el resto de asistentes, dado que tener sexo en público no significa aceptar a cualquiera, todos tenemos nuestras preferencias y hay que saber decir que no, y aceptar un no, con la máxima educación, sin rencores, sin desanimarse y esperando que a la próxima habrá más suerte, tanto para encontrar invitado como para convertirse en uno.

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