Incomodidades del sexo

El sexo es algo sumamente placentero. Es por ello que lo practicamos, no solo porque nos apetezca tener descendencia. Si fuera así, nuestra vida sexual duraría muy poco, y el orgasmo sería innecesario. El sexo nos gusta, y practicado correctamente es el vicio más saludable -si no se nos va de las manos, claro- que existe, y en principio es gratis, con lo que ya acaba de ser el colmo. Pero hay ciertas incomodidades.

El sexo y sus incomodidades

Pero no todo el monte es orégano, y en la cama hay algunas cosas que pueden salir mal, o que no nos planteamos cuando empezamos a tener una vaga noción la existencia de las relaciones sexuales, ni nos muestran en las películas. Ni siquiera en las porno.

Son cosas que pueden dar miedo, o vergüenza, o que nos confunden. Por ejemplo está el tema de las “pedorretas” que salen de la vagina a veces, con más o menos frecuencia según cada mujer. Si se ha acumulado aire en la vagina, al meter y sacar el pene este aire sale y produce lo que popularmente se conoce como “pedos vaginales”. Al fin y al cabo es lo mismo que ocurre cuando tocamos la zambomba, pero en un momento en el que esperamos que todo sea bonito y sexy, y esto ciertamente no lo es.

El pene es un apéndice bastante sencillo y fácil de comprender y estimular, pero eso no significa que no sea delicado: está preparado para frotarse con las paredes vaginales, las manos, la boca… pero a pesar de que no tiene hueso sí se puede lesionar, así que hay que tener mucho cuidado cuando, sobre todo en posturas en las que ella está encima, se bota sin control y no se acierta en el “aterrizaje”, porque más de uno ha acabado en urgencias con un dolor insoportable.

Tampoco es sexy orinarse encima mientras se hace el amor, pero cuando una mujer tiene esta sensación al acercarse al orgasmo significa que no debe preocuparse. Todo lo contrario: puede ser un síntoma de que está a punto de eyacular debido a la estimulación del misterioso punto G, así que en caso de que aparezca un líquido caliente, incoloro e inodoro, es un motivo de alegría y el hombre, orgulloso de su hazaña, se lo tomará especialmente bien, así que no hay que preocuparse.

El debate sobre si el tamaño importa o no se resuelve de esta forma tan sencilla: depende de los gustos de cada uno. Igual que muchos hombres admiten que prefieren los pechos grandes, a las mujeres les puede atraer la visión de un pene largo y ancho, ¿por qué no? Están en su derecho. Pero ojo: si es muy grande hay que ir con cuidado a la hora de la penetración y usar, si es necesario, lubricantes artificiales.

Volviendo a la higiene, ¿qué pasa cuando nuestra pareja nos acaba de practicar sexo oral y quiere besarnos en la boca? Más incomodidades. Mejor no pensar demasiado en el hecho de que ni los hombres eyacularían en su propia boca ni las mujeres se lamerían sus propias partes, pero la idea está ahí.

Y llegamos a un tema que seguro que a más de uno y de una se le ha pasado por la cabeza: ¿no da asco el sexo anal? Al parecer no, porque millones de personas lo practican y agradecen el placer extra que proporciona la estrechez del orificio, pero es verdad que según el estado de higiene del recto el pene (o los dedos) puede salir luego algo manchado. Una forma de que no haya que limpiárselo con urgencia es usar condón, pero cuidado: si se saca un preservativo del ano hay que usar otro si se pasa luego al sexo vaginal, o la transmisión de bacterias está asegurada.

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