Los hombres y los pechos

Ya lo dice el “refrán”: tiran más dos tetas que dos carretas. No es un misterio para nadie que los hombres (heterosexuales, claro) se fijan siempre en los pechos de las mujeres, sean quienes sean, independientemente del nivel de detalle con el que las capas de ropa permiten hacerse una idea del tamaño y la forma de los mismos.

Pechos de mujer

Un hombre sexualmente sano se puede fijar en muchas cosas de una mujer, y lo hará, pero probablemente cuando vea unas tetas que sean de su gusto le dará igual todo lo demás, y que las mujeres se empeñen en no dejar que se las vean –solo lo hacen en lugares como la playa, pero no todas y algunas incluso solo cuando están tomando el sol, pero no cuando se meten en el agua- hace que el misterio y el morbo sean cada vez mayores.

Si las mujeres también se quedaran desnudas de cintura para arriba por la calle cuando el calor del verano aprieta, los hombres se acostumbrarían a ver pechos y perderían parte de su interés en ellos. O no, porque los hombres nudistas siguen teniendo interés en el sexo a pesar de la frecuencia con la que ven a personas del sexo contrario llevando la misma ropa que cuando nacieron.

¿Cuál es, entonces, el atractivo de los pechos en los hombres? Hay varias teorías al respecto, y una de las más aceptadas lo analiza desde la antropología y llega hasta los primeros tiempos de la Humanidad. Así de sencillo: cuando empezamos a caminar erguidos el tronco entró en nuestro campo de visión y nos fijamos en nuestras posibles parejas sexuales ya no desde detrás, sino por delante, por lo que la evolución llevó al desarrollo de los pechos, cuanto más grandes, redondos y bonitos mejor, para llamar la atención del macho, que consideraba a estas hembras mejor alimentadas y preparadas para tener descendencia.

Y para rizar aún más el rizo, pero avanzando bastante en el tiempo, se dice que los hombres de clase baja se fijaban en las mujeres de pechos grandes porque asociaban su teórica mejor alimentación a la posibilidad de conseguir un estilo de vida mejor a través de ellas.

Otra visión defiende que la obsesión por los pechos es una reminiscencia de la época de la lactancia, pero claro, cabría preguntarse por qué, entonces, no les pasa lo mismo a las mujeres que también han mamado, o por qué los hombres que cuando eran bebés tomaron biberón están interesados, con la misma intensidad que los que mamaron durante años, en las glándulas mamarias.

Las estadísticas demuestran que una gran mayoría de los hombres se fija antes de nada en los pechos, cuando tiene una mujer delante, y esto es una realidad palpable que muchas mujeres detectan, aunque ellos no lo sepan. Cabría soltar aquella típica frase de “mi cara está aquí arriba”, y algunas lo hacen.

Al parecer el ser humano es el único animal en el que los pechos son tan grandes –el tamaño depende de factores genéticos, de la etnia, etc.-, y sin duda se trata de un ornamento sexual que se da en nuestra especie, dado que para amamantar no sería necesario que fueran tan grandes ni que tuvieran esa forma. Es una realidad, y cada mujer está más o menos cómoda con ello, pero no cabe duda de que forman una parte importante de las relaciones sexuales y la captación de parejas.

Sea como fuere, esta obsesión por los pechos femeninos ha perdurado hasta nuestros días, si bien cada uno tiene sus gustos y hay muchísimos hombres que prefieren los pechos bonitos pero pequeños, y otros que no les dan ninguna importancia y sin embargo enfocan su atención en los culos.

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