Masajes eróticos y prostitución

Los masajes eróticos son uno de los servicios sexuales más comunes, además de los de la clásica prostitución con sexo oral, vaginal, anal y todo lo que pueden llegar a hacer dos personas adultas en torno al sexo. Los masajes son algo diferente, sin embargo, ya que permiten lograr lo mismo, placer, pero sin seguir los pasos de siempre y la frialdad que ello supone.

Dejarse llevar por el masaje

Cuando un profesional nos hace un masaje le pagamos, y ahí no se mete nadie, pero si se anuncia abiertamente que incluirá sexo la cosa cambia. Es por ello que muchas veces estos masajes con “final feliz” que se asocian a los salones chinos de masajes se consiguen tras insistir mucho  y soltar algún billete sobre la marcha.

En cualquier caso el intercambio de dinero por sexo, sea directo o a través de un masaje subido de tono, es ilegal con la ley en la mano, pero al igual que ocurre con la prostitución en la calle y todos los servicios que se anuncian en periódicos e internet, la policía sabe dónde están y cómo intervenir, pero suele haber manga ancha al respecto.

Volviendo al tema, un masaje erótico es una forma más original, menos vista y experimentada, de excitarse y alcanzar el orgasmo, nos lo haga nuestra pareja o un profesional, y por ese motivo es un tipo de servicio tan deseado y solicitado.

En Japón, por ejemplo, la prostitución está prohibida, como en tantos otros países del mundo, pero en el del Sol Naciente se ha desarrollado desde hace décadas una imaginativa industria del sexo que, manteniéndose firme en el respeto a la ley, permite satisfacer las necesidades sexuales de millones de personas.

Porque allí lo que está prohibido es pagar a cambio de un coito. No se especifica nada más. Gracias a ello existen locales de servicios sexuales de todo tipo, como los bares donde se ofrecen felaciones y masturbaciones, pero uno de los más conocidos y curiosos son los soaplands, casas de baños en las que el cliente contrata los servicios de una mujer que, estando también ella desnuda, lo baña siguiendo la tradición japonesa: le enjabona bien todos los rincones del cuerpo, y para ello utiliza las manos pero también su propio cuerpo.

El roce de dos cuerpos enjabonados es una de las cosas más placenteras que se pueden hacer, y al final en estos casos siempre se acaba produciendo, como mínimo, la estimulación manual de los genitales. Como técnicamente se trata de unos baños y dos personas adultas pueden hacer lo que quieran cuando están solas, no es en absoluto difícil que mediante la negociación de un precio se acabe produciendo de forma encubierta la penetración, el único acto sexual que la ley prohíbe como transacción comercial.

Ahí está el tema: oficialmente en los locales de servicios sexuales japoneses la cosa no pasa de sexo manual u oral, ya que lo único que no está permitido es la penetración, pero incluso sin esta hay muchas otras formas de alcanzar el orgasmo, y el hecho de que se ofrezcan de una manera tan variada e imaginativa añade morbo al asunto.

Pero al final tanto en Japón como en otros países donde la prostitución está prohibida pero no especialmente perseguida, dos personas siempre encuentran la manera de llegar a acuerdos para que la ansiada penetración genital se produzca. Y en el proceso nos llevamos un buen masaje erótico, sea con las manos, los pies, los pechos o todo el cuerpo, que no viene nada mal para experimentar un potente orgasmo, llegue este cuando llegue y de la forma en que llegue.

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