Máximo placer en el orgasmo femenino

Los ojos son para ver. La nariz es para oler. Muchos elementos del cuerpo humano tienen un propósito de lo más evidente. La función de otros, sin embargo, se resiste a ser explicada de manera sencilla. Pues bien, para los biólogos hay pocos fenómenos tan misteriosos como el orgasmo femenino.

Si bien los orgasmos cumplen un papel importante en las relaciones íntimas de una mujer, los expertos han tenido muchas dificultades a la hora de descubrir las raíces evolutivas de esta experiencia que combina contracciones musculares, la secreción de ciertas hormonas y un placer intenso. Durante décadas, los investigadores han planteado varias teorías, pero ninguno de ellas no tiene una aceptación generalizada.

Avances en la comprensión del orgasmo femenino

Ahora dos biólogos evolutivos se han incorporado a la cursa ofreciendo una nueva manera de ver el orgasmo femenino basada en la reconstrucción de sus orígenes históricos. Los biólogos en cuestión concluyen en un artículo aparecido recientemente a The Journal of Experimental Zoology que el orgasmo femenino se originó hace más de 150 millones de años en los mamíferos como una manera de provocar el desprendimiento de un óvulo para que fuera fecundado después de la cópula.

Hasta hoy, pocos científicos han investigado la biología de animales con quienes guardamos una relación de parentesco lejana para buscar pistas sobre el misterio del orgasmo femenino. “En cuestión de orgasmos, nos limitábamos a los humanos y los primates”, afirma Mihaela Pavlicev, bióloga evolutiva de la Facultad de Medicina de la Universidad de Cincinnati y firmante, con otras, del artículo. “No nos fijábamos en otras especies para ir algo más allá y buscar el origen del orgasmo femenino”.

Placer y biología

El orgasmo masculino nunca ha suscitado mucho polémica entre los biólogos evolutivos. El placer que provoca está estrechamente vinculado con la eyaculación, el paso más importante a la hora de transmitir los genes de un macho a la próxima generación. El placer alienta los hombres a eyacular más semen, hecho que resulta ventajoso desde el punto de vista evolutivo.

En el caso de las mujeres, se hace más difícil establecer un itinerario evolutivo. Las contracciones musculares que se producen durante el orgasmo no son indispensables para que una mujer quede embarazada. Además, mientras la mayoría de hombres llegan al orgasmo cuando mantienen relaciones sexuales, entre las mujeres la probabilidad que lleguen no es tan elevada. En una encuesta del 2010, un 35,6% de las mujeres afirmaron que no había tenido ningún orgasmo la última vez que había mantenido relaciones. Esto se explica, en parte, por la anatomía: el clítoris está físicamente separado de la vagina.

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