¿Por qué los hombres van a veces con travestis?

Los travestis son generalmente hombres que se visten de mujeres y se comportan mediante actitudes tradicionalmente asignadas al sexo femenino. En ocasiones el travestismo forma parte de un espectáculo o es un disfraz ocasional, pero por lo general se trata de personas nacidas hombres que sienten que deberían haber nacido con los atributos de las mujeres, y dentro de este grupo están los transexuales, que llevan a cabo las operaciones de reasignación de sexo necesarias para completar un proceso en el que hacer coincidir aspecto físico e identidad.

Uno de los dramas de muchas personas transexuales es que, por las dificultades laborales que les provoca la discriminación y/o para conseguir rápidamente el dinero necesario para operarse, recurren a la prostitución, y un amplio sector de la prostitución callejera está formado precisamente por prostitutas transexuales.

Otra forma de disfrutar sexualmente

Sin embargo, muchas de ellas están a medio camino en sus operaciones, les falta la más complicada, la del cambio de genitales, y es entonces cuando nos encontramos chicas con pene, uno de los tipos de prostituta más buscados por los clientes.

“En realidad sus clientes son homosexuales”, pensamos a veces, “lo hacen porque no quieren reconocerlo”. Podría ser en algunos casos, pero normalmente se trata de heterosexuales (se sienten atraídos por las mujeres) que cuando contratan los servicios de una transexual son conscientes de que no tiene vagina, sino pene como ellos, pero por lo demás quieren que se comporte de una forma muy femenina y si es posible que no conserve la voz grave característica de los hombres adultos.

Pero que esta chica tenga también pene abre un mundo de posibilidades sexuales que no es posible con las personas biológicamente nacidas como mujeres. Muchos de estos clientes de prostitutas trans tienen pareja y en principio no les resulta especialmente complicado ligar si es que no se encuentran en una relación estable, pero la prostituta que combina pechos y pene les permite penetrar y también ser penetrados.

En las relaciones con prostitutas transgénero se produce un intercambio de roles que con otras prostitutas no sería posible (con los dedos u objetos sí, pero no es lo mismo y tampoco se suele dar dentro de un coche), y esto es lo que atrae a los clientes heterosexuales, además del exotismo, lo extraño de que un mismo cuerpo tenga esta versatilidad.

No hay que confundir el sexo anal, imprescindible en estos casos tanto para el rol activo como el pasivo, con la homosexualidad: muchísimos hombres practican el sexo anal con sus novias o mujeres teniendo la posibilidad del sexo vaginal, y si los gays recurren a ello es porque no les queda otra opción.

Pero claro, mostrar interés por el sexo anal no está mal visto dentro de un contexto heterosexual, mientras que manifestar el deseo de ser penetrado por un pene artificial atado a la cintura de nuestra chica puede levantar sospechas de inclinaciones no tan aceptadas por la sociedad.

Es por ello que tantos hombres acuden a las prostitutas travestis o transexuales: hay un interés por la exploración anal mutua sin que signifique que ellos son homosexuales, pero los tabús sociales llevan a la gente a explorar su sexualidad de forma clandestina. Y ya no hablemos de si, prostituta o no, este hombre se enamora de una persona transexual y decide empezar con ella una relación de conocimiento público: los gays y las lesbianas cada vez tienen más aceptación, pero a los travestis y los transexuales no se los ve con la misma tolerancia y sus parejas biológicamente hombres (o mujeres, según el caso) son a menudo objeto de burlas o rechazo por salir con quien salen. ¿Cambiará esto con el tiempo?

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